Aire frió
El autor empieza este relato de su libro contándonos porque
les teme a las corrientes de aire frio.
Todo comenzó cuando el autor encontró un trabajo mal pagado
y entonces no podía pagar su alquiler que era algo sustancioso, esto lo llevo a
buscar una pensión mas barata. Para su suerte encontró un lugar aceptable, “la
patrona” como se dice en el libro, era una señora desaliñada y barbuda de
apellido Herrero dueña de dicha pensión. Su primer incidente en esta pensión
sucedió al cabo de 3 semanas de vivir allí, cuando unas gotas hicieron ruido
sobre el suelo, seguido de un fuerte olor a amoniaco, Howard (el escritor del
libro, por cierto) al ver la humedad del techo bajo a la primera planta para
comunicarle a “la patrona” aquel incidente, quien le dijo que lo solucionaría
de inmediato.
Es entonces cuando le explica inquilino que vivía arriba de
él, su nombre era el doctor muñoz, “la patrona” le explica que es un hombre muy
enfermo, que no puede cuidar de si mismo, que toma unos baños de un extraño
olor, además de esto le dice que sufre de una extraña enfermedad que no le
permite acalorarse. Después de que la señorita Herrero soluciono el problema, y
el amoniaco dejo de gotear, y Howard volvió a su habitación.
En los días siguientes, Howard no aguanto su curiosidad y
fue a tocar la ´puerta que había justo encima de su habitación, el doctor Muñoz
abre la puerta y le pregunta cuál es su nombre y el motivo de su visita, aclarados
los dos, Howard entra, la figura que vio al entrar era un hombre bajo, bien
proporcionado, no obstante, nuestro protagonista al ver al Dr. Muñoz en medio
de todo este aire frio sufrió repugnancia, pero aquella repugnancia pronto se
transformó en admiración pues Howard gracias a los extraordinarios dotes de
aquel extraño médico, según el autor
este tenia una piel pálida por la cual no parecía circular sangre, el Dr. Muñoz
trata de tranquilizarlo contándole que es un incomparable enemigo de la muerte,
el señor Muñoz quería extirpar la muerte, a esto se había dedicado un gran
tiempo de su vida.
En esta charla le menciono a Howard que algún día le
enseñaría como vivir, ¡sin corazón!
Howard recuperado de aquella experiencia en un tiempo extraordinariamente
breve volvió a visitar a su amigo muy frecuentemente, al pasar de las semanas Howard
nota que la apariencia de su extraño amigo va desmejorándose cada vez más.
El doctor muñoz escribía cartas a diferentes personas, entre
ellas médicos, Muñoz sellaba las cartas con extremo cuidado, en ellas relataba
como funcionaba su pequeño laboratorio, el trabajo de Howard era entregarlas,
pero este simplemente las quemo, casi todas las cartas eran para un famoso
medico de origen francés (famoso en su época claro) del cual especulaban que
estaba muerto.
Una noche, ocurrió algo horrible, una bomba de la máquina
del Muñoz se rompió, haciendo que la habitación del médico se pusiera más
caliente, Howard corrió a auxiliarle pero pasadas tres horas se dio cuenta de
que no podía hacer nada, entonces salió a buscar ayuda, para su suerte encontró
un mecánico que fue a ver cual era el problema, pero por desgracias esto no se podía
solucionar hasta el día siguiente, el Dr. Muñoz enloquecía poco a poco, este le
pidió a Howard que reuniera todo el hielo que podía y el lo estaría esperando
en el baño.
Howard corrió a cada tienda y minimercado cerca, a todos los
lugares donde pudiera comprar hielo para el ermitaño, pidió ayuda, y contrato a
un vagabundo que había en la esquina de su residencia y el fue a buscar la
pieza para poder arreglar la máquina.
Howard había hecho todo lo que estaba a su alcance, pero
cuando llego a la residencia había una mala vibra en el aire, un mal presentimiento
le dio la bienvenida. Estas fueron sus ultimas palabras: “-. No queda hielo... El hombre ha lanzado una
mirada y ha salido corriendo. El calor aumenta por momentos, y los tejidos no
pueden resistir. Me imagino que lo sabe... lo que dije sobre la voluntad, los
nervios y la conservación del cuerpo una vez que han dejado de funcionar los
órganos. Como teoría era buena, pero no podía mantenerse indefinidamente. No
conté con el deterioro gradual. El doctor Torres lo sabía, pero murió de la
impresión. No fue capaz de soportar lo que hubo de hacer: tuvo que introducirme
en un lugar extraño y oscuro, cuando hizo caso a lo que le pedía en mi carta, y
logró curarme. Los órganos no volvieron a funcionar. Tenía que hacerse a mi
manera - conservación artificial -
pues, ¿comprende?, yo fallecí en aquel entonces, hace ya dieciocho años.”Obras selectas de H.P. Lovecraft
.
NICOL DANIELA SANCHEZ CARDONA.
.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario