Dos de mis compañeros cayeron, cada uno tiene un balazo clavado en la frente. Los impactos eran similares, simétricamente idénticos; perecían orificios gemelos.
El miedo, que minutos antes me acobardo, deje de sentirlo. Las muertes de mis camaradas despertaron en mi, el alma guerrera."Yo no voy a dejar que me maten de esa manera", pensé con rabia. Me levante del suelo y comencé a disparar el galil. Veinticinco disparos en serie. Agote la primera provisión. Motivada, instale el segundo proveedor.
Avance como lo hacen las heroínas, con paso firme y eliminando al paso el enemigo. Mas adelante, dirigiendo el ataque, estaba el:"mi comandante" el inspirador de mis nuevas convicciones.
El enfrentamiento se hizo intenso, y aunque solo quedábamos treinta guerreros en pie, parecíamos mas de cien. El triunfo, finalmente, fue nuestro.¡Mi primera victoria!
En la habitación de un hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte recordé. De nuevo mis pensamientos regresaron a aquellos días cuando por primera vez, en la cárcel la vi.
Horas antes de conocerla, yo estaba cerca al gran portón, limite entre la ley y el orden y quienes la quebrantas. Claro que algunos purgan allí penas por delitos que nunca cometieron.
El frió, como un verdugo, rozaba mis pálidas mejillas y mis manos descubiertas, provocandome un profundo dolor en las falanges. Mis ojos se enrojecieron y las comisuras de los mismos me ardían.
Para mi consuelo y el de muchos de los visitantes, el sol se levanto con la aurora. Lentamente se asomo detrás de las montañas como la ferocidad de un león hambriento.
Resumen hecho por: Ximena Leiva
No hay comentarios.:
Publicar un comentario