sábado, 8 de febrero de 2020

Esperanza tras las rejas... crónica de una mujer condenada al olvido

Dos de mis compañeros cayeron, cada uno tiene un balazo clavado en la frente. Los impactos eran similares, simétricamente idénticos; perecían orificios gemelos.
El miedo, que minutos antes me acobardo, deje de sentirlo. Las muertes de mis camaradas despertaron en mi, el alma guerrera."Yo no voy a dejar que me maten de esa manera", pensé con rabia. Me levante del suelo y comencé a disparar el galil. Veinticinco disparos en serie. Agote la primera provisión. Motivada, instale el segundo proveedor.
Avance como lo hacen las heroínas, con paso firme y eliminando al paso el enemigo. Mas adelante, dirigiendo el ataque, estaba el:"mi comandante" el inspirador de mis nuevas convicciones. 
El enfrentamiento se hizo intenso, y aunque solo quedábamos treinta guerreros en pie, parecíamos mas de cien. El triunfo, finalmente, fue nuestro.¡Mi primera victoria! 
En la habitación de un hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte recordé. De nuevo mis pensamientos regresaron a aquellos días cuando por primera vez, en la cárcel la vi.
Horas antes de conocerla, yo estaba cerca al gran portón, limite entre la ley y el orden y quienes la quebrantas. Claro que algunos purgan allí penas por delitos que nunca cometieron.
El frió, como un verdugo, rozaba mis pálidas mejillas y mis manos descubiertas, provocandome un profundo dolor en las falanges. Mis ojos se enrojecieron y las comisuras de los mismos me ardían.
Para mi consuelo y el de muchos de los visitantes, el sol se levanto con la aurora. Lentamente se asomo detrás de las montañas como la ferocidad de un león hambriento.
Resumen hecho por: Ximena Leiva 

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